Inmersión cultural y pasión napolitana
El segundo día de nuestra aventura italiana comenzó muy temprano. Con las mochilas cargadas de ilusión, pusimos rumbo a Nápoles,una ciudad que es puro arte, historia y vida en cada esquina.
Nuestra primera parada fue de carácter artístico. Visitamos la impresionante Catedral de Nápoles, donde conocimos la historia de su patrón, San Genaro. Pudimos admirar la riqueza de su arquitectura y entender la importancia que este santo tiene para la identidad de los napolitanos. Tras la visita, continuamos recorriendo otros monumentos históricos del centro, dejándonos sorprender por la mezcla de estilos que conviven en la ciudad.
A la hora del almuerzo, nos sumergimos de lleno en la gastronomía local. No podíamos irnos sin probar los clásicos del «street food» napolitano:
Pizza a portafoglio y Pizza fritta: Una delicia dorada y crujiente que nos dio las energías necesarias para continuar.
También aprovechamos este tiempo para perdernos por las tiendas locales y comprar algunos recuerdos.
Por la tarde, vivimos uno de los momentos más esperados: la visita a los murales y la estatua de Diego Armando Maradona. En Nápoles, Maradona es mucho más que un deportista; es un símbolo cultural y hay una gran devoción popular.
Para cerrar el día con broche de oro, caminamos bajo la espectacular cúpula de cristal de la Galería Umberto. Finalmente, dimos un relajante paseo por el puerto, disfrutando de las vistas al mar antes de subir al autobús de regreso a Frosinone donde el alumnado se fue con sus familias y nuestros niños del aula específica se fueron a descansar con los profesores que les acompañan.
Ha sido una jornada intensa, llena de aprendizaje y momentos compartidos que no olvidaremos. Nápoles nos ha robado el corazón.




