En nuestro último día de movilidad, nos trasladamos a la fascinante ciudad de Estambul, donde tuvimos la oportunidad de descubrir su riqueza histórica, cultural y social.

Para movernos por la ciudad utilizamos distintos medios de transporte público, como el funicular y el tranvía, lo que nos permitió integrarnos en la vida cotidiana de la ciudad mientras recorríamos sus calles llenas de historia.

Nuestra primera parada fue la impresionante Cisterna Basílica, una obra de ingeniería de la antigüedad que nos ayudó a comprender la importancia del control y almacenamiento del agua en las civilizaciones antiguas. Este sistema subterráneo garantizaba el abastecimiento en épocas de escasez, algo que conecta directamente con los principios actuales de sostenibilidad y gestión eficiente de los recursos.

Acompañados por un guía, descubrimos que muchas de sus columnas proceden de antiguos templos, reutilizadas como materiales de construcción, un ejemplo temprano de reciclaje y aprovechamiento de recursos. También nos llamaron especialmente la atención las famosas Medusa, cuyas cabezas aparecen como bases de columnas, conectando este espacio con la mitología griega que tanto ha influido en la cultura europea.

Después visitamos dos de los monumentos más emblemáticos de la ciudad: Santa Sofía y la Mezquita Azul. Ambos espacios nos invitaron a reflexionar sobre el respeto entre religiones y culturas, ya que representan diferentes etapas históricas y creencias que han convivido en un mismo lugar. Además, pudimos analizar el entorno desde el punto de vista del ecosistema urbano, entendiendo la ciudad como un sistema vivo donde interactúan personas, arquitectura, cultura y recursos, buscando un equilibrio entre desarrollo y sostenibilidad.

A la hora del almuerzo, disfrutamos de la gastronomía tradicional turca, descubriendo sabores locales y platos elaborados con ingredientes frescos y de proximidad.

Por la tarde, visitamos el animado Gran Bazar de Estambul, donde el alumnado pudo explorar y adquirir productos tradicionales como especias, dulces típicos, té, lámparas artesanales o tejidos. Este mercado histórico es también un ejemplo de cómo el comercio tradicional puede mantener vivas las costumbres y fomentar un consumo más consciente.

Para finalizar el día, realizamos un inolvidable crucero por el Bósforo, el estrecho que separa Europa y Asia y conecta el Mar Negro con el Mar de Mármara. Desde el barco pudimos disfrutar de unas vistas espectaculares de la ciudad al atardecer y de su iluminación nocturna, una imagen difícil de olvidar.

Regresamos al barrio de Taksim, una zona vibrante, moderna y llena de vida, donde se mezclan tradición y actualidad, y donde se encontraba nuestro hotel.

Más allá de los monumentos y paisajes, nos llevamos una enseñanza muy valiosa: la hospitalidad de las personas. Durante toda nuestra estancia, los habitantes de Estambul han mostrado una enorme amabilidad, esforzándose por comunicarse con nosotros y ayudarnos en todo momento. Una lección para nuestro alumnado sobre la importancia de construir un mundo basado en el respeto, la convivencia y la comprensión entre culturas.

Con esta última jornada, cerramos una experiencia Erasmus+ inolvidable que ha dejado huella tanto a nivel académico como personal.